Las elecciones han llegado a su fin, y se da por concluido el proceso electoral. Hagamos un análisis y una conclusión de lo acontecido.
Primero, cada partido postuló a su candidato. Enrique Peña Nieto por el PRI-PVEM, Josefina Vázquez Mota por el PAN, Gabriel Quadri por el PANAL, y por último, Andrés Manuel López Obrador por la coalición Movimiento Ciudadano.
Gabriel Quadri hizo una campaña pésima, ya que se dedicó a criticar a sus adversarios. Además, no hizo verdaderas propuestas. A él solo le interesaba alcanzar el dos por ciento de los votos para que su partido no perdiera el registro.
Josefina Vázquez Mota tampoco estuvo a la altura, porque su estrategia no fue la adecuada, la cual se redujo a una simple idea: “voten por mí, porque soy mujer”. Desde el comienzo de su campaña sus simpatizantes no la apoyaron. Como ejemplo de ello tenemos el evento en el estadio Azul. Prácticamente la dejaron sola. Además, carecía de poder de convocatoria y de seguridad. Esto provocó que la gente no confiara en ella.
Los partidos de izquierda fallaron en su planificación. En vez de poner a AMLO como candidato, debieron de postular a Marcelo Ebrard, ya que habría representado a una izquierda más joven. Además, Ebrard también tenía experiencia. Hasta ahora, ha hecho su trabajo de manera adecuada en el Distrito Federal, teniendo otra ventaja muy importante sobre AMLO: no tenía un pasado malo, no al menos en la memoria de los mexicanos. Al final le perjudicó a AMLO el hecho de la gente recordara que ya había perdido en las elecciones pasadas. La guerra sucia, emprendida por los partidos políticos opositores y algunos medios de comunicación masiva, influyó para que no ganara.
Por último, tenemos a Enrique Peña Nieto que ganó las elecciones, según el IFE. Sin embargo, se sabe que hubo fraude electoral. Esto se dio por medio de la compra de votos a cambio de tarjetas de Soriana. Lo lamentable es que nadie hace nada.
México está en pañales. No es posible que otra vez no hayamos podido realizar una votación de manera clara y transparente, en la cual se pueda confiar. En México no hay democracia, más bien hay corrupción. Ese es el verdadero problema de México. Lo peor de todo es que se ha vuelto sistemático, es decir, que la corrupción está en todas partes. Para combatirla es necesaria una nueva educación y cultura. Es verdadera esa frase que dice: “El que no aprende de la historia está condenado a repetirla”.
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